martes, 19 de marzo de 2013

¿El vallenato se está muriendo?

 En su columna de El Tiempo “El vallenato se está suicidando”, Daniel Samper Pizano enfiló su artillería contra los nuevos herederos de los aires de Francisco El Hombre. Con calificativos como “llorón” y “sin inspiración”, varios salieron muy mal librados, justo cuando se acerca otro Festival de la Leyenda Vallenata.

 

Daniel Samper Pizano revivió un debate bizantino que nació con la supuesta crisis creativa que afecta a los nuevos compositores de la música de acordeón. Las opiniones de este cachaco de mil parrandas dividieron al país vallenato.

¿Por qué no le gusta el vallenato moderno? 
–Muchas canciones carecen de inspiración. Han abandonado el exigente género narrativo y optan por temas de amores fáciles y sin emoción. Se limitan a repetir palabras “bonitas”, metáforas gastadas, cantos vacuos al terruño, elogios del folclor y melodías planas.


¿A qué le atribuye esa falta de imaginación? –Lo comercial ha obligado a quienes alimentan la máquina productora de vallenatos a hacer piezas en masa y por contrato.

¿Qué es lo peor del “ranchenato” o lo que usted llama “paseo llorón” –El vallenato se dio a conocer gracias a los clásicos de Escalona, Emiliano, Leandro y otros autores de la Costa y con diversas sensibilidades musicales: algunos preferían el merengue, otros el paseo... Luego Carlos Vives lo hizo internacionalmente famoso con sus excelentes versiones de los grandes cantos y cultivó audiencias con vallenatos de calidad. Por el contrario, el vallenato comercial buscó el atajo más barato y fácil.

¿Esa crisis es consecuencia de las estrategias que buscan cautivar al público del interior del país? –El público del interior supo valorar, antes que otros, la importancia de los clásicos. Eso explica el éxito de Julio Bovea en los años sesenta.

Usted habla como alguien cargado de nostalgia. –Echo de menos los vallenatos clásicos. Por supuesto me revuelven el estómago las salchichas musicales. Pero la poesía española, que alguna vez atravesó el horrible desierto del romanticismo, supo recuperar sus raíces y generar dos maravillosas generaciones de poetas: la del 98 y la del 27.

¿Qué cantantes rescata del nuevo vallenato? –El problema no son los cantantes. Fonseca, Manjarrés y Vetto Gálvez, por nombrar a tres, son muy buenos. Faltan compositores.

Usted pide volver a los clásicos. Es como si se pretendiera que el rock regresara a la gloria de Los Beatles y The Rolling Stone. –El rock ha mostrado mucha más imaginación para evolucionar que el vallenato. Si hubiera sufrido la misma enfermedad degenerativa que padece el vallenato, hoy posiblemente estaría olvidado.

Hasta los “dinosaurios” como Los Zuleta y Jorge Oñate han hecho concesiones con la nueva ola. –Alguno me confesó que le toca cantar piezas que no le interesan porque es lo que le exigen los que gobiernan el mercado.

¿Qué subgéneros del vallenato están olvidados? –El vallenato comercial se reduce prácticamente al paseo, ritmo que se ha contaminado con baladas, rancheras y boleros.

¿Usted se aburre en las nuevas parrandas? –No creo que con vallenatos comerciales sea posible hacer parrandas. Si acaso, fiestas.

Juan Gossaín. Escritor y periodista

“Llevo muchos años pregonando que, contra lo que todo el mundo piensa, el vallenato no es un género musical, sino literario. Lo importante fue siempre echar el cuento, con gracia y algo de picaresca. La melodía, en cambio, quedaba en un segundo plano porque el vallenato nació para difundir los sucesos de una región que no tenía teléfonos. Por eso es que la gente ni siquiera bailaba los vallenatos: sería tanto como bailar la crónica de un periódico. Los viejos juglares iban en mula, con su acordeón terciado, de pueblo en pueblo, relatando sucesos con música, llevando noticias, transmitiendo novedades: que a fulano le nació un hijo, que a mengano se le fue la mujer con otro, que en Badillo un cura se robó la custodia del pueblo. 

El vallenato era el celular de su época. Pero entonces llegaron las casas disqueras y pensaron lo contrario: que lo importante era la música y, sobre todo, la voz del cantante. Si eso fuera verdad, Juancho Polo Valencia jamás hubiera podido cantar su Alicia adorada”. Entonces empezó a agonizar la letra, que es la auténtica razón de ser del vallenato. Daniel Samper Pizano tiene toda la razón: el vallenato se está muriendo porque abandonó su vocación narrativa. Su alma era tan sencilla que se limitaba a contar el cuento bien contado. Esa fue la cuna en que se meció García Márquez, nada menos”.

María Consuelo Araújo. Exministra de Cultura

“Daniel Samper se une a Jacobo Solano –quien alertó más temprano– y a la queja docta y sustentada en el conocimiento incomparable de Julio Oñate Martínez, quien repara con argumentos incontrovertibles sobre cómo muchos compositores hacen música sin saber de ella, y terminan tirando canciones como si fueran panes. Los tres tienen razón. Falta rigor, musical sobre todo, pero también en la sintaxis y la métrica de los versos de muchas composiciones.

Pero cuando se acude a parrandas en las provincias de Padilla y Valledupar, y empieza uno a repasar la prosa magistral de Yeyo Núñez, que nos regala decenas de canciones intachables y mejor si es en la voz perfecta de Jorge Oñate. O si acaso se tiene la suerte de oír a Wilfran Castillo, Fabián Corrales, Omar Geles o a Iván David Villazón, resulta imposible aceptar que el Vallenato pudiera estar muriendo, porque al contrario goza de una robustez lírica que ni siquiera la salsa, la balada o el propio reggaeton poseen. Todo eso sin argumentar que los grandes de la generación intermedia todavía están jóvenes, componen y están en plena producción: me refiero a Emiliano Zuleta Díaz, Rosendo Romero, Gustavo Gutiérrez, Diomedes Díaz, Iván Ovalle y hasta el mismo Carlos Vives.

Quizá solo el rock y la música mexicana comparten la vitalidad del Vallenato, y en ellos también un alto porcentaje es basura. Con los géneros populares sucede igual que cuando se extrae el oro de la tierra: la mayor parte es roca estéril, pero el fulgor y valía del metal hace que el extracto sea eternamente precioso”.


Alonso Sánchez Baute. Escritor

“Aclaro que sé más de música electrónica que de vallenato, pero basta con montarse en un bus o en un taxi para comulgar con Samper Pizano. Hay una serie de ‘músicos’ interesados tan solo en el éxito comercial, que graban canciones sin poesía, con letras que no transmiten la imaginación o inspiración de los viejos juglares; gente sin creación que llegó allí por negocio. No hablo de Celedón, Dangond, Manjarrés y otros con cuyos estilos y valores se identifica buena parte de la juventud seguidora de este género musical, sino de aquellos donde el trabajo ganado por acordeoneros, cada vez más diestros en su oficio, se pierde en coros pegajosos que venden mucho y no dicen nada. Innovar no es ‘corronchizar’. En todo caso, el debate es válido porque invita a la reflexión no solo a los compositores sino también a los amantes de esta música”.?


Pipe Peláez. Cantautor

“Eso que dice Daniel Samper Pizano que el vallenato se está suicidando es pura paja, está más vivo que nunca. Yo he tenido la oportunidad de trabajar con grandes vallenateros como Diomedes Díaz, Jorge Oñate, etc.; conozco el vallenato de antes y lo valoro profundamente, pero como intérprete sé que tengo que evolucionar. Los mismos medios de comunicación se han encargado de sectorizar la composición vallenata; yo tengo muchas canciones que hablan de una temática social, pero nadie me las graba porque no son de amor ni de despecho. Yo sugeriría que, por ejemplo, en el próximo Festival de la Leyenda Vallenata se eligiera a un rey vallenato tradicional y a otro comercial, para que se haga justicia con los acordeoneros. Los géneros crecen porque se fusionan. En veinte años van a decir que nosotros éramos los juglares del vallenato y causaremos la misma polémica eterna”.

Silvestre Dangond. Cantante y compositor 

“Coincido con Daniel en que se ha perdido un poco la esencia del vallenato. Hacemos muchos temas pensando solo en el dinero. En la época de la que él habla, las canciones las componían sin pensar en el negocio. Ahora en Colombia los compositores están atollados y se faltan al respeto los unos a los otros. Uno saca una idea y todos se copian, y así pasa también con los acordeoneros. Hoy en día se fijan primero en qué carro tiene el artista, cómo viste, qué gafas usa y qué perfume se echa; todos viven en una competencia. No creo que el vallenato se esté suicidando, como dice la columna, pero esta es una alerta para que mis colegas y yo nos pongamos en función de dejar un poco de lado ese interés comercial y hagamos un equilibrio con lo autóctono. En La novena batalla, el disco que voy a lanzar en junio, traté de recuperar la narrativa y de irme un poco más al folclor”.

Iván Villazón. Cantautor

“Las nuevas expresiones del vallenato se han apartado bastante de las raíces. Han puesto el baile, la rumba y la discoteca por encima del mensaje, la poesía y el sentimiento, que son la esencia de este género. En Colombia hay una crisis en composición de música vallenata, pero todavía se encuentran canciones buenas que conservan la esencia de nuestro folclor, el problema está en que los intérpretes no tienen el tino para saber elegirlas. La nueva ola del vallenato ha desechado la metáfora, el romanticismo, el buen manejo del idioma por el afán de pegar y ser exitosa en las emisoras. Ha tratado de poner el vallenato a tono de otros ritmos como la salsa, el merengue y el reggaeton y lo están tropicalizando. Hay algunos artistas y disqueras que se han dejado permear por eso y no ven el género como una expresión cultural sino como un negocio”.

 

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