domingo, 5 de febrero de 2012

Calixto Ochoa: “Sin el amor, la vaina se pone maluca”.



Calixto Antonio Ochoa Campo tiene un carisma a prueba de tristezas y enojos. Sus apuntes son certeros al igual que sus canciones, que dan en el blanco desde que salen de su cerebro, quedando guardadas dentro de un acordeón y una hoja de cuaderno. No más es darles un par de silbidos para que la obra vaya tomando forma.
Tantas preguntas para El Negro Cali que no es fácil sacar la primera, pero había que decidirse por la parte humana.
Está su estado de salud. Lo vemos mucho mejor de lo que se comenta.
–Antes de responder se llevó la mano a la frente, miró al cielo y dijo: Dios hizo un milagro en mí. Me está concediendo más años de vida, y eso me alegra. No hay cómo pagar ese gesto del Creador de la vida. Respecto a mi estado de salud voy bastante mejor para como estaba antes. Estuve más de allá que de acá y ahora me muevo es con un burrito metálico. (Hace alusión a un caminador). Las risas no se hacen esperar.

Este año el 45° Festival de la Leyenda Vallenata será en su honor. ¿Qué tiene que decir al respecto?
Quisiera agradecerlo con una canción, como cuando gané el Tercer Festival Vallenato en 1970, pero ya no estoy para eso. Es tanto mi agradecimiento con todos los organizadores del Festival Vallenato que las palabras se quedan cortas. Dios les pague por ese gesto admirable conmigo que, a pesar de venirme hace mucho tiempo de allá, no me han olvidado. Gracias, en nombre de mi familia, de mis paisanos y de todos los que gustan de mis composiciones, que esos sí son bastantes. (Risas).

¿Esperaba recibir ese homenaje?
Bueno, yo saqué a relucir mi talento para ponerle una nota de alegría al mundo y nunca pensando en homenajes, pero ya me han hecho varios, y este será monumental porque se hará en el rincón de Colombia donde nací, donde inicié mi carrera y me di a conocer. Solamente espero los días para llegar a Valledupar. Quiero estar en el nuevo escenario, que me dicen que es inmenso (Parque de la Leyenda Vallenata Consuelo Araujonoguera) y en la Plaza Alfonso López para recordar esa hazaña de hace 42 años y encontrarme con mi gente. Será algo maravilloso.

¿Qué recuerda de 1970, cuando se coronó como Rey Vallenato?
Eso fue algo inolvidable, la gente me cargó por toda la plaza. Fue algo único. El pueblo de Valencia de Jesús se volcó a Valledupar para hacerme barra, y gané bien. Ese día estaba como un negro enchollao, y no me canso de decir que el Festival Vallenato encierra parte de mi vida, porque me proyecté más como músico.
Nunca olvido a Consuelo Araújo, La Cacica. Esa mujer fue clave para hoy tener a la música vallenata en los lugares de honor. A ella le debemos todo y también la manera como destacaba mi trabajo como acordeonista y compositor.

Detalles del reinado. El Tercer Festival de la Leyenda Vallenata, que ganó el maestro Calixto Antonio Ochoa Campo (1970), no se realizó en la fecha acostumbrada (26 al 30 de abril) por alteración del orden público, a raíz de las elecciones presidenciales, cuando Misael Pastrana Borrero le ganó al general Gustavo Rojas Pinilla. Fue trasladado al mes de julio.
El maestro Calixto Ochoa presentó las siguientes canciones, todas de su autoría: paseo, Muñequita linda; merengue, Palomita volantona; son, La interiorana, y la puya Puya regional. Lo acompañaron en la caja Olimpo Beltrán y en la guacharaca Eliécer Ochoa.
En la mesa de jurados estuvieron Enrique Castro Palmera, Pedro Peralta, Darío Pavajeau Molina, Víctor Julio Hinojosa y Lácides Daza.
‘Los Sabanales’. Después de más de 30 minutos de entrevista en el kiosko de su casa en Sincelejo, ubicada en un segundo piso con una vista preciosa de esa ciudad sabanera, al maestro, que estaba vestido completamente de blanco, se le soltó la pregunta que llaman del millón.
¿Cual es la canción que más le gusta, entre las mil de su autoría?
Todas tienen su lugar y momento especial, aunque ya no me acuerdo de muchas, debido a mi problema de isquemia cerebral. Todas son lindas para mí.

Pero, debe haber alguna o algunas... 
Bueno, ya que insiste, me quedo con Los sabanales. Esa es una canción que no pasa nunca de moda.

¿A quién le dedicó esa canción?
Naturalmente que a una mujer. A una mujer.

Maestro, perdone, pero dicen que esa canción se la compuso a una ejemplar (Equus africanus asinus), o sea a una burra. En uno de sus versos dice que “Mis recuerdos son aquellos paisajes, y los estoy pintando exactos como son, ya pinté aquel árbol del patio, que es donde tú reposas cuando calienta el sol”.
(Risas). Ah, eso dicen por ahí y a eso no le paro bolas. Ratifico que fue a una mujer.

Usted le ha compuesto a todo, pero sobremanera han primado las canciones dedicadas a la mujer, y hasta con nombre propio para que no quede ninguna duda. ¿Qué es para Calixto Ochoa el amor?
El amor es lo más bonito de la vida, porque sin amor no hay hombre feliz, ni mujer tampoco, porque la mujer se enamora igual que uno, entonces yo creo que para todo se necesita el amor. El amor es el tren que nos lleva a ser felices, y cuando se descarrila la vaina se pone maluca.

¿Qué le ha faltado realizar a Calixto Ochoa en la vida?
Carajo, todavía me faltan hacer muchas cosas. Si el tiempo me da tiempo vamos a ver si más adelante puedo seguir componiendo, que es mi más grande deseo. Por ahí tengo algunas canciones casi terminadas, como La araña.

¿Qué ha significado para usted que algunos de sus hijos hayan seguido su línea musical?
Sí, muchos... hijos, sobrinos y pa’ allá tengo muchos que han seguido la misma línea. Tengo dos que tocan acordeón y lo hacen muy bien. Rolando, que está con los duros de ahora, y tengo otro que se llama César. Todos mis hijos me han dado muchas satisfacciones.

¿Usted se considera mejor compositor, mejor acordeonista o mejor cantante?
Yo me considero medio cantante, me considero eso sí compositor, no me considero ser lo máximo, sino soy lo que Dios me dio. Y como acordeonista, ahí está el Festival Vallenato que me graduó de Rey en el año de 1970.

Sueño triste
Después de tocar diversos temas de sus hijos, de sus dos tierras –Valencia de Jesús y Sincelejo– y de su señora Dulsaide Bermúdez, que es su adoración y mano derecha, recordó una canción que dice tener mucho parecido con lo que vivió hace más de dos años cuando tuvo graves complicaciones de salud.
Se trata de ‘Sueño triste’, que grabara Diomedes Díaz con Colacho Mendoza en 1980.

En la revelación de un sueño yo presenciaba mi cadáver,
pero esto tenía un misterio porque yo amanecí grave.
El día que muera este negro quedará de luto el Valle.
El día que El Negro Cali muera qué sentirá el pobre difunto,
me llorará mi morena, mi acordeón queda de luto.
Todo el público comenta tan bueno que fue el difunto.
He tenido un sueño raro y triste donde la muerte me ha llamado,
yo recuerdo que le dije: déjeme viví otros años,
pero esto fue un sueño triste porque desperté llorando.

Sobre la canción anota que “después de tantos años de que la hice, esa composición se revierte y la historia me pasa es a mí. Entonces, a la muerte le repetí que me dejara vivir otros años y vea...”
Agacha su cabeza. Se queda callado. Piensa y ante el silencio se apaga la grabadora, hasta que el maestro pide un vaso con agua y vuelve a sonreír, como si el recuerdo triste hubiera huido.

Texto y fotos: Juan Rincón V.
juanrinconv@hotmail.com
Fuente: elheraldo.com

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